¿QUÉ CREEMOS?

JESús

Queda claro que la vida de Jesús de Nazaret es el parte aguas de la historia humana. Entre toda la discusión y controversia acerca de Jesús, realmente sólo hay que resolver esto: los que originalmente anunciaron a Jesús escogieron morir antes de negar su convicción. Hay que tomar tal convicción en serio; por tanto, hay sólo tres opciones: que Jesús era un engañador, o que Jesús estaba loco, o que Jesús es el Hijo de Dios y resucitó. Piénsalo.


EL EVANGELIO

Evangelio es la buena noticia y es ésta: que aunque nosotros como humanidad no hemos cumplido ni siquiera nuestro código individual y personal de actitudes y comportamiento (eso nos muestra como pecadores), y además nuestra postura nos separa de Dios.
Sin embargo, el Evangelio anuncia que Jesús vino a tomar las consecuencias de nuestras acciones y actitudes, ofreciendo a cambio Perdón por lo inexcusable. La Biblia dice: Más Dios demuestra su amor para con nosotros que aún siendo pecadores…


CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS. –Rom 5:8

La Biblia dice también, “Y a ustedes, estando muertos en pecados…les dio vida juntamente con él [Jesucristo] perdonándoos todos los pecados,” (Colosenses 2:13). Las buenas nuevas son que no sólo Dios ofrece perdón; ofrece también vida nueva y el pertenecer al Dios que te formó, te amó, y dio a su Hijo por ti. Jesús dijo, “…al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Es la decisión de cada uno, qué va a hacer lo las buenas nuevas—el evangelio—cuando escucha y entiende.


LA SALVACIÓN

Dios sabía que la humanidad pecaría y necesitaría ser reconciliada con Él. En el centro del plan de Dios para reconciliar a la humanidad pecadora con Él mismo está el mediador Jesucristo (ver 1 Timoteo 2:5-6). La palabra Salvación se define como“liberación del poder y efectos del pecado”. Todos hemos pecado (ver Romanos 3:23) pero no podemos salvarnos a nosotros mismos porque sólo una persona sin pecado puede salvar a un pecador. La Biblia nos dice que Jesucristo murió por los pecadores (ver 1 Timoteo 1:15 y Romanos 5:6-8) Provisión para la salvación Ciertas condiciones eran necesarias para que la salvación estuviese disponible para la humanidad: La muerte de Jesucristo; la resurrección de Cristo (ver 1 orintios 15:3-4); la ascensión de Cristo (Marcos 16:19); y la exaltación de Cristo (Hechos 2:33; 1 Pedro 3:22; Hebreos 1:3).


EL PROCESO DE SALVACIÓN: el papel de Dios

En la parte divina de la salvación, Dios, en su soberanía actúa para asegurar la salvación para todos los pecadores, a través de:
Elección: Por Gracia Dios escogió la salvación en Cristo para aquellos que Él sabía que lo aceptarían (ver Efesios 1:4-5) El apóstol Pablo dijo: Porque a los antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29)
Regeneración: Dios nos vivifica en Cristo, permitiéndonos experimentar un nuevo nacimiento (ver Juan 3:33) Sin un nuevo nacimiento estamos “muertos en delitos y pecados” (Efesios 2:1)
Justificación: Cuando Dios nos justifica nos declara inocentes delante de Él y abona toda la justicia de Cristo en nuestra cuenta. La justificación representa tanto el perdón de nuestros pecados como la justicia que Él nos da (ver Romanos 3:28, 5:1)
Adopción: Adopción quiere decir “Colocar a un hijo”. Dios nos da los derechos completos de la herencia en Su familia como si hubiésemos nacido en ella (ver Gálatas 4:4-5, Efesios 1:5). Porque somos hijos de Dios podemos llamarle Abba Padre , es decir “Papito” (Romanos 18:15). Como hijos de Dios podemos tener la confianza de que nos entiende, nos cuida y nos bendice.
Santificación: Cuando nos hacemos cristianos Dios nos santifica, es decir, nos separa o nos aparta para Él, en posición y práctica, esto de manera permanente. (1 Corintios 6:11, 2 Tesalonicenses 2:13). Por medio de la santificación nos volvemos más y más como Jesús por la obra del Espíritu Santo.


El proceso de la Salvación: El papel de la humanidad

Así como hay una parte divina en la salvación, también hay un lado humano que se manifiesta por medio del “libre albedrío”:
La fe y el creer: Reconocer a Jesucristo, no sólo con nuestra cabeza, sino también con el corazón (ver Juan 3:18; 5:24; 6:47; Romanos 10:9). La fe es una confianza firme, involucra nuestro intelecto, emociones y voluntad propia (ver Marcos 4:16-17; Romanos 10:9, 17; Efesios 2:8-9; Hebreos 11:1, 6)
Aceptación: El creer en Jesucristo y una fe verdadera nos llevan a aceptar y confesar a Jesucristo como Señor (ver Romanos 10:9-10). El apóstol Juan confirma esto cuando escribe “Mas a todos los que le recibieron, los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12)
Arrepentimiento: Esto es un sincero y completo cambio de mente y corazón frente al pecado (ver Salmo 51:3; 2 Pedro 3:9). No sólo debemos dejar nuestro pecado, sino que también debemos regresar a Dios (ver Hechos 3:19; 26:18; 1 Tesalonicenses 1:9)


El resultado de la salvación


Dios nos creó y Cristo nos compró para que podamos conocerle, caminar con Él y glorificarle (ver Efesios 1:11-12). También quiere que llevemos mucho fruto (ver Juan 15:8; 13:34-35) mientras invertimos nuestra vida en su servicio (ver Mateo 16:24-26; Gálatas 6:10)

Llevamos fruto ganando a otros para Cristo y ayudándoles a crecer espiritualmente (ver Romanos 1:13; Proverbios 11:30); compartiendo nuestras bendiciones con otros (ver Filipenses 4:17); adorando y agradeciendo a Dios (Hebreos 13:15) y por medio de nuestra conducta y carácter, viviendo vidas transformadas (Gálatas 5:22)

Algunas personas creen que porque han orado “para recibir a Cristo” pueden vivir como mejor les plazca, pero la salvación se manifiesta a través de una vida transformada (2 Coritntios 5:17) y motiva a los creyentes a seguir el propósito de Dios para sus vidas.


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